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Ante la escasez crítica de gasolina, con manifestaciones diarias, el régimen produciendo menos del 20% de lo que necesita el país y la única opción de importar gasolina desde Irán bajo la mira de los Estados Unidos, el país luce al borde de la parálisis

Por años, la palabra escasez en Venezuela ha significado muchas cosas. Las filas de personas para conseguir algún producto básico han sido noticia desde hace años, y desde 2014 se han intensificado a raíz de la hiperinflación y los controles de precios que han hecho de los bienes básicos un recurso insuficiente en el país en múltiples ocasiones.

Sin embargo, tanto la escasez de gasolina se ha convertido en el tema central del país, que las noticias nacionales e internacionales sobre Venezuela en las últimas semanas se han enfocado en la llegada de buques Iraníes al país con importaciones del combustible. Estos acuerdos, retando directamente las sanciones de los Estados Unidos, han reforzado una relación venezolana-iraní que tiene años en desarrollo y se ramifica hasta otros sectores. Sobre eso, otro file.

Hoy, nos interesa discutir: ¿Está Venezuela al borde de un colapso por la falta de gasolina? ¿Puede el otrora país petrolero recuperar su producción y abastecimiento interno? ¿Hasta cuándo es sostenible depender de los buques iraníes?

Hasta el día de hoy, las respuestas a esas preguntas son sí, probablemente no y poco tiempo.

Entre la indignación y la revuelta

En 2020, se acumulan 1.086 protestas en el país. Solo el 28 de septiembre, se registraron 79 protestas en 19 estados. Dentro del caudal de videos, fotografías y reseñas sobre la escasez de gasolina la imagen de kilométricas filas en las bombas surtidoras está siendo reemplazada por protestas y manifestaciones en los últimos días. La resignación está pasando a ser un motín. La espera para los conductores se acabó, llegue la gasolina o no. Los teléfonos ciudadanos así lo documentan.

Los estados Yaracuy, Sucre y Nueva Esparta, entre otros, han visto enfrentamientos entre fuerzas del régimen y manifestantes, mientras la situación toma el color de los períodos de protestas más intensas en el país. Un país paralizado, a expensas de la llegada (o no) de los buques iraníes, parece camino irremediablemente a otro ciclo de protestas contra el régimen, mientras la dirigencia del gobierno propuesto por Juan Guaidó intenta darle cauce político.

No obstante, la situación podría sobrepasar a Guaidó y al propio régimen. Al final la escasez de gasolina es un problema transversal a la sociedad venezolana que no tiene otra solución real que la recuperación de la capacidad productiva del país. Entonces nos preguntamos ¿es viable que el régimen pueda aumentar la producción de gasolina interna antes de que las protestas sigan escalando?

El país tiene todas las señales de estar al borde de un colapso, veamos si hay margen para evitarlo.

El (des) control interno de la producción

Con la debacle de la industria petrolera venezolana, el éxodo de venezolanos registrado y el deterioro del parque automotor han disminuido la demanda de gasolina. Aun así, la capacidad de refinación hoy no logra satisfacer los 130.000 barriles diarios necesarios para abastecer la demanda nacional.

Para mediados de septiembre, la producción del sistema nacional mostraba los siguientes números según fuentes internas que nos compartieron los datos (todo en miles de barriles diarios):

Procesamiento de Crudo:

  • Amuay 50,1
  • Cardón 14,0

Entregas al Sistema Nacional:

  • Amuay:
    • Diesel 0,0
    • Asfalto 2,3
  • Cardón:
    • Gasolina 91R 2,1
    • Diesel 6,7

Diesel (ULSD) Importado para Sept:

  • Amuay 0,0
  • Cardón 124,3
  • Buques: 
    • Amuay: Ariel, Agioni Fanendes.
    • Cardón: Phoenix AN
  • Inventarios:
    • Amuay
      • Jet A-1 0,0
      • Diesel Auto. 1,7
      • Fuel Oíl 12.708,5
      • Asfaltos 24,2
      • Azufre Líquido TM 5.499,0
    • Cardón
    • Gasolina 91R – 15,9
    • Jet A-1 36,7
    • Diesel 64,6
    • Fuel Oíl 473,5

Inventarios de Insumos:

  • #Amuay
    • Nafta Liviana 54,5
    • Nafta Pesada 258,5
    • Butano 0,0
  • #Cardón
    • Nafta Liviana 43,2
    • Nafta Pesada 142,1
    • Butano 0,9

Fuentes apuntan a que internamente se produce menos del 20% de los que se necesita en el país. Esta situación, que lejos de mejorar lleva meses con tendencia a recrudecerse, hace a Venezuela más dependiente que nunca de las irregulares importaciones de combustible iraní.

Cabe acotar que la escasez actual tiene lugar en medio de una sociedad desmovilizada por la pandemia del COVID-19, lo que disminuye la demanda de gasolina. Es decir, cuando la época de cuarentena termine, los exiguos niveles de gasolina actuales serán todavía más insuficientes.

Venezuela e Irán, en la mira

La relación entre Venezuela e Irán se ha ido estrechando, como hemos reportado, al punto de que Venezuela es hoy dependiente de los envíos iraníes de gasolina para amortiguar el descalabro de la producción. Difícilmente otro país pueda cooperar con Venezuela en el abastecimiento, dada las sanciones estadounidenses y que Irán es uno de los pocos países que se puede dar la libertad de desafiar esas sanciones.

Aunque Irán ha sabido resistir sus propias sanciones y podría servir de guía al régimen de Maduro para navegar esas aguas, la realidad es que ese nexo entre Venezuela e Irán está en la mira de los Estados Unidos y están lejos de ser una relación comercial estable en el corto y mediano plazo.

Con Trump y Biden disputándose la presidencia en pocas semanas, y una administración dispuesta a ganar Florida con el voto latino, el martillo de las sanciones debería seguir siendo enarbolado para bloquear cualquier vía que burle las sanciones americanas, tal y como lo demuestran las últimas acciones contra dirigentes de Irán y que incluyeron a Nicolás Maduro.

En este contexto, la llegada de estos buques a puertos venezolanos luce como un suministro poco menos que confiable.

¿Estamos inexorablemente ante un estallido, mayor al actual, por un agravamiento del abastecimiento ya menguado de gasolina?

Saque usted sus conclusiones.