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Las encuestas apuntan a que, más allá del resultado final, la victoria de Donald Trump en Florida vino en parte por el apoyo de las comunidades venezolanas y cubanas. ¿Merecía Trump ese apoyo? ¿Es Obama el pionero de las sanciones?

En la avenida 107 de Doral, una ciudad en los suburbios de Miami, camionetas y personas con los carteles “TRUMP ´- PENCE 2020” se volvieron más frecuentes que hace cuatro años atrás. Mientras que en 2016 la retórica agresiva de Trump le costó apoyo y votos, en 2020 evangelizó a los latinos que huyeron, en su mayoría, “del socialismo”. Así ellos lo manifiestan.

En el ambiente se olía el cambio. Por más que las encuestas se empeñaran en pronosticar una contienda reñida en Florida, el que pasase por las calles de Doral, la principal base de la diáspora venezolana en Estados Unidos, podía rápidamente pensar: “en Florida va a ganar Trump”. Y ganó. 

Dentro de los cientos de asuntos que impactaron, moldearon, determinaron esta elección americana, el socialismo y la sombra de los regímenes de los Castro y Maduro fue un eje principal que se utilizó para atemorizar a los votantes sobre lo que el ala más progresista del partido demócrata traería al país si Biden ganaba. Asimismo, algunos se aventuraban a comparar el estilo de Trump con el populismo de Hugo Chávez. Al final, el ejemplo venezolano se utilizaba de manera ofensiva en las campañas y ese intercambio polarizante, terminó polarizando a los propios venezolanos.

 

Si bien las aristas de esta batalla particular entre venezolanos en medio de la guerra entre Biden y Trump se hicieron más complejas con el tiempo, el origen de la atención y obsesión venezolana al desenlace de las elecciones estadounidenses está en la esperanza de que Estados Unidos logre promover una transición a la democracia en Venezuela. Y en esa esperanza hay dos bandos muy claros: los que creen que Trump es el único dispuesto a sacar a Maduro y los que piensan que solo empeora el problema.

Las sanciones y el inicio de la escalada

Aunque los titulares y las conversaciones de pasillo más llamativas han sido en relación a una hipotética intervención humanitaria de los Estados Unidos a Venezuela, el nombre del juego diplomático han sido las sanciones. En general, podemos sacar dos tipos de sanciones 

  1. Las dirigidas a funcionarios específicos del régimen de Maduro
  2. Las dirigidas a cortar las vías de financiación del régimen en general

El foco de la política exterior y las maniobras de Washington DC, celebradas hoy principalmente por los venezolanos pro-trump y cuestionadas por otros, ha sido una escalada de esas sanciones que naturalmente han ido aumentando a medida que no se ha conseguido el objetivo: un cambio de régimen. 

Sin embargo, las primeras sanciones no son obra de Donald Trump. Aunque sea difícil recordarlo en este momento, el inicio fue una orden ejecutiva de Barack Obama. El 9 de marzo de 2015, la administración Obama, con Joe Biden como vicepresidente, emitió una orden ejecutiva que declaraba “una emergencia nacional por la amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y a la política exterior causada por la situación en Venezuela”. 

Además, las medidas incluían el primer grupo de lo que sería una larga lista de individuos del régimen de Maduro sancionados individualmente: Gustavo Enrique González López, director general del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), Manuel Eduardo Pérez Urdaneta, director de la Policía Nacional Bolivariana de Venezuela, la fiscal pública Katherine Nayarith Haringhton Padrón, el excomandante de la Guardia Nacional Bolivariana, Antonio José Benavides Torres; el presidente de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), Justo José Noguera Pietri; el exdirector general de Sebin, Manuel Gregorio Bernal Martínez y el inspector general de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, Miguel Alcides Vivas Landino.

Estas sanciones, aunque son de las del primer tipo y tienen menos impacto en la economía venezolana, fueron la primera alerta mundial sobre lo que significaba tener relaciones con Nicolás Maduro. Adicionalmente, estas medidas se tomaron en un marco más ambiguo que el actual: Maduro venía de asumir la presidencia en 2014, luego de unas elecciones que la comunidad internacional reconoció a pesar de las protestas de la oposición en 2013 y 2014. 

En pocas palabras, Obama fue el pionero de las sanciones en Venezuela. Aunque la imagen de Obama con Raúl Castro sea la foto más nítida en la memoria colectiva venezolana, el que alertó sobre el peligro del régimen de Maduro para Estados Unidos y el mundo fue el expresidente demócrata. 

Ese paso hay que contextualizarlo para entender verdaderamente su dimensión. Hoy, las Américas, casi de manera unánime, reconoce que no hay democracia en Venezuela. En cambio, para marzo de 2015 Maduro estaba arropado no solo por el reconocimiento sino apoyo claro de Dilma Rousseff en Brasil, Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia o Rafael Correa en Ecuador. Incluso, existía una relación de entendimiento con Juan Manuel Santos en Colombia.

La orden ejecutiva de Obama tuvo respuesta de Maduro mediante una campaña nacional, apoyándose en el soporte popular que todavía gozaba el régimen y antes de la agudización de la crisis humanitaria en Venezuela.

A partir de 2016, llegó Trump al escenario geopolítico con algunas ventajas para incrementar la presión.

La Asamblea Nacional, crisis humanitaria y aislamiento

Le llegaba de Donald Trump a la presidencia, luego de ganar las elecciones en noviembre de 2016, se concreta un año después de que la oposición venezolana lograra su gran conquista y de la que todavía hoy se apoyan para el respaldo legítimo de su lucha: la Asamblea Nacional 2016-2021. 

Esa victoria, clara y contundente, le permitió a la oposición controlar la institución legislativa del país. Ese piso de legitimidad es lo que también le permite a la comunidad internacional tener un interlocutor claro en la presidencia de la Asamblea y da una base constitucional a todos los esfuerzos posteriores, incluyendo la presidencia de Juan Guaidó.

En ese contexto, Donald Trump comenzó en 2017 una serie de acciones dirigidas a asfixiar al régimen bloqueando sus vías de financiación. Hasta hoy, más de 80 comunicados se promulgaron desde el Departamento de Estado en relación a sanciones sobre Venezuela.

Más allá de las razones, que expertos opinan que fueron movimientos para asegurar el apoyo latino en Florida y otros aseguran a que se trata de una lucha contra el socialismo a nivel regional, la presión de la administración Trump si dificultó la capacidad del régimen de Maduro para sostener la ya mermada economía venezolana. 

Aunque es evidente concluir que las sanciones complicaron la capacidad del régimen de financiar deudas e importar productos, lo cierto es que el país iba en esa dirección de igual forma y la crisis humanitaria no es producto de las sanciones. Como mucho, incidió en la capacidad del régimen para desacelerar una crisis que igual estaba explotando.

Sin embargo, el momento en que la esperanza de libertad de los venezolanos y el apoyo a Trump se fusionó en una especie de ímpetu inseparable para muchas personas, sucedió cuando Estados Unidos lideró a buena parte de la comunidad internacional para que no reconocieran las elecciones presidenciales de mayo de 2018 y si reconocieron a Juan Guaidó cuando se juramentó como presidente interino en febrero de 2019. Ante esto, algunas puntualizaciones:

Entre febrero de 2019 y 2020, se puede establecer casi un ciclo de 12 meses exactos para describir el nacimiento y ocaso del periodo más intenso en la administración Trump para lograr un cambio en Venezuela. Ese año, comandando por los asesores John Bolton y Elliot Abrams, comenzó con el reconocimiento a Guaidó como presidente minutos después de su juramentación en 2019, y culminó con la mención del presidente Trump en el discurso del Estado de la Unión este año y la presencia el propio Guaidó como invitado especial del Congreso. 

Durante esos 12 meses, podemos resumir los hechos más importantes en los que el gobierno estadounidense jugó un rol fundamental. 

  • La legitimidad internacional al aceptar diplomáticos y embajadores del gobierno interino, presidido por Guaidó.
  • La recuperación, control del gobierno interino y protección del activo más importante de Venezuela en el exterior: CITGO. 
  • El apoyo y donaciones para una ayuda humanitaria canalizada por el gobierno interino para atender la crisis en Venezuela.
  • El bloqueo directo a importaciones de gasolina y acceso de PDVSA a mercados internacionales.
  • El recibimiento a personas como Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López, en la Casa Blanca para denunciar la persecución y exigir la liberación de presos políticos.
  • La intensificación de la vigilancia marítima de la DEA para el narcotráfico que sale de Venezuela.
  • Las sanciones directas a los principales líderes del régimen, incluyendo al propio Nicolás Maduro.
  • El apoyo al movimiento nacional y militar que intentó derrocar a Maduro en abril de 2019.

Aunque la lista podría seguir, esos son los highlights de la política exterior de Trump hacia Venezuela. Aunque posteriores revelaciones como la nota del New York Times o las propias memorias de Bolton hablen de un presidente enfocado en conseguir el apoyo en Florida más que en liberar a Venezuela, lo cierto es que las condiciones y los hechos se juntaron para que ese año fuese el de mayor presión para la salida de Maduro. 

Para saber si se cumplió el objetivo final de Trump con Venezuela, habría que primero preguntarse qué cree usted que realmente quería: 

  • ¿Quería ganar Florida y sumar una retórica antisocialista? Entonces si lo logró
  • ¿Quería democracia en Venezuela? Entonces no lo logró

El debate venezolano continuará y la lista de culpables de que Maduro siga en el poder cambiará según el bando al que se le pregunte. El desgaste de la estrategia americana ha sido tal que Trump llegó incluso a considerar dialogar con Maduro, dicho por él mismo.

Sin embargo, y aunque el apoyo de Trump a Juan Guaidó y al gobierno interino ha sido y sigue siendo irrestricto en los hechos, lo cierto es que al final del día la relación Trump-Venezuela pareciera que sirvió su propósito para un solo lado.

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